viernes, 28 de agosto de 2009

Gracias a la vida...

Un místico sufí viajaba una vez...

Y cada noche le daba gracias a la vida: “por todo lo que has hecho por mi y yo no he sido capaz de corresponderte, nunca seré capaz de hacerlo”.

En una ocasión él y sus compañeros de viaje tuvieron que enfrentar tres días difíciles. La gente no les alojaba, se negaban a darles comida. Tenían hambre y sed y tuvieron que dormir en el desierto.  En su oración nocturna el místico le decía a la vida: “estoy tan agradecido. Has hecho tanto por nosotros y no podemos corresponderte”.

Uno de los discípulos exclamó: “esto es demasiado. Dinos qué ha hecho la vida por nosotros en estos tres días”. El anciano sonrió y dijo: “tu todavía no te has dado cuenta todo lo que la vida nos ha dado. Estos tres días han sido tan significativos para mí. Tenía sed, tenía hambre, no teníamos abrigo, fuimos rechazados, nos arrojaron piedras. Mientras tanto yo estuve observando en el interior de mi mismo. No tuve ira. Por lo que tengo que agradecerle a la existencia”.

“En estos tres días se me han revelado tantas cosas que habrían permanecido ocultas si se nos hubiera ofrecido alimento, abrigo, si no nos hubieran arrojado piedras. Y tu me preguntas por qué le doy gracias a la vida?
Hasta moribundo le daré las gracias porque aun ante la muerte sé que la existencia me va a revelar misterios como me los ha estado revelando en la vida, porque la muerte no es su fin, sino su punto culminante”.

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   Sólo aceptando nuestra realidad podemos sacar lo mejor de ella para seguir aprendiendo. Si el camino se nos presenta estrecho, peligroso y hasta demasiado largo recordemos que Dios nos pone sobre los hombros el peso justo y necesario que debemos cargar. No luchen, aquí no hay enemigos ni nada que perder, no lo eviten, no se acobarden ni desanimen, simplemente agradezcan y cárguenlo sabiendo que si lo hacen es porque deberán dejarlo muy pronto. Solo si así sucede, entonces, jamás deberán volver a cargarlo.

                                                                                                             Soy Pablo, soy en ti…

domingo, 23 de agosto de 2009

Imagina...

viernes, 21 de agosto de 2009

El amor abre todas las puertas...

El amor abre todas las puertas, no importa cuan firmemente cerradas puedan
estar, no importa qué oxidadas por falta de uso. Tu trabajo es traer unidad y
armonía, para abrir todas aquellas puertas que han estado cerradas durante
largo tiempo. Ten paciencia y tolerancia. Abre tu corazón todo el tiempo.
Ama. Ama. Ama.

 Fragmento del libro "Dios me habló" de Eileen Caddy

Carta para un hijo...

El día que esté viejo y ya no sea el mismo, ten paciencia y compréndeme. Cuando derrame comida sobre mi camisa y olvide como atarme mis zapatos, recuerda las horas que pasé enseñándote a hacer las mismas cosas.
   Si cuando conversas conmigo, repito y repito las mismas palabras que sabes de sobra como termina, no me interrumpas y escúchame. Cuando eras pequeño para que te durmieras tuve que contarte miles de veces el mismo cuento hasta que cerrabas los ojitos.
   Cuando estemos reunidos y sin querer haga mis necesidades, no te avergüences y compréndeme que no tengo la culpa de ello, pues ya no puedo controlarlas. Piensa cuentas veces cuando niño te ayudé y estuve paciente a tu lado esperando a que terminaras lo que estabas haciendo.
   No me reproches porque no quiera bañarme; no me regañes por ello. Recuerda los momentos que te perseguí y los mil pretextos que te inventaba para hacerte más agradable tu aseo. Acéptame y perdóname. Ya que soy el niño ahora.
   Cuando me veas inútil e ignorante frente a todas las cosas tecnológicas que ya no podré entender, te suplico que me des todo el tiempo que sea necesario para no lastimarme con tu sonrisa burlona. Acuérdate que yo fui quien te enseñó tantas cosas. Comer, vestirte y tu educación para enfrentar la vida tan bien como lo haces, son producto de mi esfuerzo y perseverancia por ti.
   Cuando en algún momento mientras hablamos me llegue a olvidar de que estamos hablando, dame todo el tiempo que sea necesario hasta que yo recuerde, y si no puedo hacerlo no te burles de mí; tal vez no era importante lo que hablaba y me conforme con que me escuches en ese momento.
   Si alguna vez no quiero comer, no me insistas. Se cuanto puedo y cuanto no debo. También comprende que con el tiempo ya no tengo dientes para morder ni gusto para sentir. Cuando me fallen mis piernas por estar cansadas para andar, dame tu mano tierna para apoyarme como lo hice yo cuando comenzaste a caminar con tus débiles piernas.
   Siempre quise lo mejor para ti y he preparado los caminos que has debido recorrer. Piensa entonces que con el paso que me adelanto a dar estaré construyendo para ti otra ruta en otro tiempo, pero siempre contigo.
   No te sientas triste o impotente por verme como me ves. Dame tu corazón, compréndeme y apóyame como lo hice cuando empezaste a vivir. De la misma manera como te he acompañado en tu  sendero te ruego me acompañes a terminar el mío. Dame amor y paciencia, que devolveré gratitud y sonrisas con el inmenso amor que tengo por ti.
Y así habremos de honrar la vida…Ah ¡!
!! Y nuevamente gracias hijo!!

jueves, 20 de agosto de 2009

El buscador...

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador. Un buscador es alguien que busca. No necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco es alguien que sabe lo que está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.

Un día nuestro Buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió. Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos, divisó Kammir a lo lejos, pero un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras. Estaba rodeaba por completo por una especie de valla pequeña de madera lustrada, y una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. 

El Buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como por azar entre los árboles. Dejó que sus ojos, que eran los de un buscador, pasearan por el lugar... y quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción. “Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días”. Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, y sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar…

Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Al acercarse a leerla, descifró: “Lamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas”. El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra una lápida. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 11 años. Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

- No, ningún familiar – dijo el buscador - Pero... ¿qué pasa con este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de niños?

El anciano cuidador sonrió y dijo: 

"Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré... Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta,  como ésta que tengo aquí, colgando del cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de entonces, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anote en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado…, a la derecha, cuanto tiempo duró ese gozo. ¿Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana, dos? ¿tres semanas y media? Y después… la emoción del primer beso, ¿cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana?

¿Y el embarazo o el nacimiento del primer hijo? ¿y el casamiento de los amigos? ¿y el viaje más deseado? ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano? ¿Cuánto duró el disfrutar de estas situaciones? ¿horas? ¿días?…

Así vamos anotando en la libreta cada momento, cada gozo, cada sentimiento pleno e intenso... y cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. Porque ése es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido."

Jorge Bucay

viernes, 14 de agosto de 2009

Para soñar sin miedos...

Quizás la clave sea recuperar la frescura de un niño que sueña con tocar las estrellas, ellos no sienten tristeza ni decepción al tumbarse de cara al cielo a contemplarlas desde lejos, cada destello de luz por más pequeño que sea a sus ojos, retumba en el fondo de su corazón iluminando el deseo, reavivando el entusiasmo. Entonces, su felicidad es pura y enorme, porque para ellos, aún estando a millones de kilómetros...todo es posible.

Nunca olviden que fueron hechos para ser felices! Sueñen con todo su corazón y con todo su corazón... háganlo realidad.

                                                                                                             Soy pablo, soy en ti...

jueves, 6 de agosto de 2009

Las Pleyades...

miércoles, 5 de agosto de 2009

Ayúdame a ser como soy...

Ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes
y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.
Si me das fortuna, no me quites la razón.
Si me das éxito, no me quites la humildad.
Si me das humildad, no me quites la dignidad.
Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla,
no me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar igual que yo.
Enséñame a querer a la gente como a mí mismo y a no juzgarme como a los demás. No me dejes caer en el orgullo si triunfo, ni en la desesperación si fracaso.
Más bien recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo.
Enséñame que perdonar es un signo de grandeza y que la venganza es una señal de bajeza.
Si me quitas el éxito, déjame fuerzas para aprender del fracaso.
Si yo ofendiera a la gente, dame valor para disculparme y si la gente me ofende, dame valor para perdonar.
¡Señor...si yo me olvido de tí, nunca te olvides de mí!

Mahatma Gandhi

Plegaria a las siete direcciones galácticas.

Desde la casa Este de la luz.
Que la sabiduría se abra en aurora sobre nosotros.
Para que veamos las cosas con claridad.
Desde la casa Norte de la noche.
Que la sabiduría madure entre nosotros.
Para que conozcamos todo desde adentro.
Desde la casa Oeste de la transformación.
Que la sabiduría se transforme en acción correcta.
Para que hagamos lo que haya que hacerse.
Desde la casa Sur del Sol eterno.
Que la acción correcta nos de la cosecha:
Para que disfrutemos los frutos del ser planetario.
Desde la casa superior del Paraíso.
Donde se reúne la gente de las estrellas y nuestros antepasados.
Que sus bendiciones lleguen hasta nosotros ahora.
Desde la casa inferior de la Tierra.
Que el latido del corazón cristal del Planeta.
Nos bendiga con sus armonías para que acabemos con todas las guerras.
Desde la fuente central de la galaxia.
Que está en todas partes al mismo tiempo.
Que todo se reconozca como luz de Amor mutuo.
¡AH YUM HUNAB KU EVAM MAYA E MA HO!
(Sea la paz de la naturaleza del Cosmos en todos y en cada uno)

martes, 4 de agosto de 2009

Carta de un niño de seis años dictada a su madre, y dirigida a una psicóloga.

Querida:

El libro me gustó mucho. ¡Me gustó comprobar que en un libro escriben lo mismo que yo pienso!

El planeta tierra es una escuela. Es una escuela muy difícil porque tiene mucha materia y poco espíritu. No­sotros los humanos venimos para aprender a manejar el cuerpo y las cosas que se tocan.

Pero hay muchas escuelas, en diferentes planetas, para aprender cosas diferentes.

También hay planetas-casas, en los que están las almas. Siento que vengo del sol; en el sol hay almas puras. Después pasé por Saturno, que es menos físico que la tierra. Ahora siento que entendí mejor eso de la reencar­nación. En este planeta es tan difícil tener un cuerpo, que es preciso salir y entrar muchas veces en los cuerpos para aprender a manejarlos.

Además de eso, ser hombre es diferente de ser mujer. Los hombres tienen más energía. Las mujeres cuando tienen hijos les dan su energía, y la energía vuel­ve hacia ellas transparente. Los hombres pierden menos energía, pero las mujeres aprenden algo importante: ¡cuando tienen hijos "practican" la muerte!

El momento en el que el nene sale de la panza se parece a cuando el alma sale del cuerpo.

Algunas personas no saben eso, y la muerte las deja tristes. Además, sólo creen que existe lo físico.

Olvidan que la vida viene de Dios y ¡que nada de Dios termina nunca! Aunque el planeta Tierra explote, aún será un trozo de Dios!

Antes yo sentía que Dios era todo el universo, pero un día Dios me mostró el VACIO y me dijo: "Yo tam­bién soy esto". El universo, los otros universos y el vacío, eso nunca acaba, porque Dios no tiene comienzo ni fin. "Para que las almas de los humanos no se queden tristes, todos unidos tenemos que hablar de eso.

Después que viniste a mi casa supe que somos muchos los que tenemos la misma misión. Y me parece que ahora muchas almas vienen para ayudar a este plane­ta. Es la gente "misionera".

                                                                                                       Abrazos.

 

Fragmento del libro: Erks, mundo interno - Trigueirinho