domingo, 13 de septiembre de 2009

Una Estrella de Esperanza

Existen millones de estrellas en el cielo, de todos los colores: blancas, plateadas, verdes, doradas, rojas y azules.

Un día, inquietas, ellas se acercaron a Dios y le dijeron:

Señor Dios, nos gustaría vivir en la Tierra entre los hombres.

Asi sera hecho, respondió el Señor. Las conservaré a todas ustedes pequeñitas, así como las ve la gente, para que puedan bajar a la Tierra.

Cuentan que en aquella noche hubo una linda lluvia de estrellas.

Algunas se acurrucaron en las torres de las iglesias, otras fueron a jugar y a correr junto con las luciérnagas por los campos, otras se mezclaron con los juguetes de los niños y la Tierra quedó maravillosamente iluminada.

Pero con el pasar del tiempo, las estrellas resolvieron abandonar a los hombres y volver al cielo, dejando la Tierra oscura y triste.

¿Por qué volvieron? Preguntó Dios, a medida que ellas iban llegando.

Señor, no nos fue posible permanecer en la Tierra. Allá existe Mucha miseria y violencia, mucha maldad, mucha injusticia.

Y el Señor les dijo:

¡Claro! El lugar de ustedes es aquí en el cielo. La Tierra es el lugar de lo transitorio, de aquello que pasa, de aquel que cae, de aquel que yerra, de aquel que muere, donde nada es perfecto.

El cielo es el lugar de la perfección, de lo inmutable, de lo eterno,

donde nada perece.

Después que llegaron todas las estrellas y, verificando su número,

Dios habló de nuevo: 'Nos está faltando una estrella. ¿Será que se perdió en el camino?

Un ángel que estaba cerca replicó: No Señor, una estrella resolvió

quedarse entre los hombres. Ella descubrió que su lugar es exactamente donde existe la imperfección, donde hay limite, donde las cosas no van bien, donde hay lucha y dolor.

¿Qué estrella es esa? Volvió Dios a preguntar.

Es la Esperanza Señor. La estrella verde. La única estrella de ese color.

Y cuando miraron hacia la Tierra, la estrella no estaba sola. La Tierra estaba nuevamente iluminada porque había una estrella verde en el corazón de cada persona.

Porque el único sentimiento que el hombre tiene y que Dios no necesita tener es la Esperanza.

Sucede que Dios ya conoce el futuro, y la Esperanza es propia de la persona humana, propia de aquel que yerra, de aquel que no es perfecto, de aquel que no sabe cómo será su futuro.

Recibe, amigo, en este momento, esta estrellita en tu corazón, la esperanza, tu estrella verde. No dejes que ella huya y no permitas que se apague.

Ten certeza que ella iluminará tu camino, sé siempre positivo y agradece a Dios por todo.

Sé siempre feliz y contagia con tu corazón iluminado a otras personas.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Por la Paz

Como pájaros que aprenden a volar
encontraremos la libertad
siendo capaces de remontar grandes Alturas
deseando al mundo la paz.

¿Qué puedo hacer al respecto?
Podemos hablar o escribir
oír conferencias alrededor del planeta
o salir a las calles a protestar

La humanidad anhela paz
pero somos lo que pensamos
como pensamos así estamos

Entonces, cambiemos nuestros pensamientos
y salvemos nuestra casa, salvémonos todos juntos
comencemos por nosotros mismos
tiremos la primera piedra al agua
para que las ondas se extiendan
cada vez más

Mirémonos y escuchemos nuestro corazón
hagamos la paz con nuestra familia
con las amistades y en el trabajo
con esa persona que encontramos un día
y juramos no hablarle nunca más
quizás porque no estuvo de acuerdo
con nuestras ideas o filosofía de vida
así es como echamos a perder la paz
y donde comienza la guerra

Pongamos pues armonía en nuestras vidas
y amémonos cada vez más
solo con el amor, la comprensión y la tolerancia
podemos vivir en paz

No permitamos que la prensa oral, escrita o visual
nos absorba y nos deprima
y hagamos que nuestra Luz interior brille siempre

No sabemos luchar por la paz
porque no conocemos la paz en nuestros corazones
trabajemos tenazmente con nosotros mismos
y así conoceremos la paz

Vivamos llenos de amor y gratitud
y compartámoslos con el mundo

Levántate tranquilo y únete al amor
que es la llave que abre
todas las puertas del mundo
el alivio que cura las heridas

Donde hay amor hay paz
no importa de qué religión eres
creencia o filosofía

Ven conmigo ahora
caminemos juntos bajo el sol
y entremos a la puerta de nuestro corazón
tan perfumado como el mejor
de los jardines del bosque

Respiremos este encanto iluminado
e irradiemos paz y amor
alegría y salud

Miremos hacia adelante, a la vida
a nuestro poder infinito
extendamos las manos abiertas
y volemos por el azul diáfano del cielo
y cantemos por una PAZ UNIVERSAL.

martes, 1 de septiembre de 2009

Dios y el amor...

Flavio, en un arranque cariñoso, abraza muy fuerte a su mamá.
— ¡Te quiero mucho, mamá! Soy feliz porque te quiero mucho... Pero también te puedo querer mucho aunque no seas mi mamá, puedo querer mucho a cualquiera, como te quiero a vos. Si uno quiere mucho a alguien, quiere mucho a todos.
¡Te quiero porque somos partecitas salidas de Dios! ¡Todos los humanos son partecitas salidas de Dios! Dios está en todos los mundos, está separado por partes, está en todos los lugares, y está también en el vacío.
Cada mundo es una parte de Dios. Pero Dios también está en el espacio. Dios es todo, todo lo que existe, todo, todo lo que se toca y lo que no se toca, lo que se ve y lo que no se ve. Dios no se muere nunca, pero para estar vivo hay que ser una parte salida de Dios. A mí me parece que soy una parte salida del corazón de Dios. El corazón es una manera de decir, porque Dios no tiene cuerpo, es como decir que salí del amor de
Dios.
¿Sabés, mamá? Cuando me ponen en penitencia yo la paso muy bien porque no pienso. Pensar es hablar para adentro y yo estoy callado por dentro. Entonces me voy a mi parte salida de Dios y estoy ahí. Pero no creas que queda un agujero cuando salgo, porque Dios, aunque esté separado en partes, siempre está entero.


Flavio, 4 años

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Fragmento del libro "Vengo del sol" de Flavio Cabobianco.

viernes, 28 de agosto de 2009

Gracias a la vida...

Un místico sufí viajaba una vez...

Y cada noche le daba gracias a la vida: “por todo lo que has hecho por mi y yo no he sido capaz de corresponderte, nunca seré capaz de hacerlo”.

En una ocasión él y sus compañeros de viaje tuvieron que enfrentar tres días difíciles. La gente no les alojaba, se negaban a darles comida. Tenían hambre y sed y tuvieron que dormir en el desierto.  En su oración nocturna el místico le decía a la vida: “estoy tan agradecido. Has hecho tanto por nosotros y no podemos corresponderte”.

Uno de los discípulos exclamó: “esto es demasiado. Dinos qué ha hecho la vida por nosotros en estos tres días”. El anciano sonrió y dijo: “tu todavía no te has dado cuenta todo lo que la vida nos ha dado. Estos tres días han sido tan significativos para mí. Tenía sed, tenía hambre, no teníamos abrigo, fuimos rechazados, nos arrojaron piedras. Mientras tanto yo estuve observando en el interior de mi mismo. No tuve ira. Por lo que tengo que agradecerle a la existencia”.

“En estos tres días se me han revelado tantas cosas que habrían permanecido ocultas si se nos hubiera ofrecido alimento, abrigo, si no nos hubieran arrojado piedras. Y tu me preguntas por qué le doy gracias a la vida?
Hasta moribundo le daré las gracias porque aun ante la muerte sé que la existencia me va a revelar misterios como me los ha estado revelando en la vida, porque la muerte no es su fin, sino su punto culminante”.

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   Sólo aceptando nuestra realidad podemos sacar lo mejor de ella para seguir aprendiendo. Si el camino se nos presenta estrecho, peligroso y hasta demasiado largo recordemos que Dios nos pone sobre los hombros el peso justo y necesario que debemos cargar. No luchen, aquí no hay enemigos ni nada que perder, no lo eviten, no se acobarden ni desanimen, simplemente agradezcan y cárguenlo sabiendo que si lo hacen es porque deberán dejarlo muy pronto. Solo si así sucede, entonces, jamás deberán volver a cargarlo.

                                                                                                             Soy Pablo, soy en ti…

domingo, 23 de agosto de 2009

Imagina...

viernes, 21 de agosto de 2009

El amor abre todas las puertas...

El amor abre todas las puertas, no importa cuan firmemente cerradas puedan
estar, no importa qué oxidadas por falta de uso. Tu trabajo es traer unidad y
armonía, para abrir todas aquellas puertas que han estado cerradas durante
largo tiempo. Ten paciencia y tolerancia. Abre tu corazón todo el tiempo.
Ama. Ama. Ama.

 Fragmento del libro "Dios me habló" de Eileen Caddy

Carta para un hijo...

El día que esté viejo y ya no sea el mismo, ten paciencia y compréndeme. Cuando derrame comida sobre mi camisa y olvide como atarme mis zapatos, recuerda las horas que pasé enseñándote a hacer las mismas cosas.
   Si cuando conversas conmigo, repito y repito las mismas palabras que sabes de sobra como termina, no me interrumpas y escúchame. Cuando eras pequeño para que te durmieras tuve que contarte miles de veces el mismo cuento hasta que cerrabas los ojitos.
   Cuando estemos reunidos y sin querer haga mis necesidades, no te avergüences y compréndeme que no tengo la culpa de ello, pues ya no puedo controlarlas. Piensa cuentas veces cuando niño te ayudé y estuve paciente a tu lado esperando a que terminaras lo que estabas haciendo.
   No me reproches porque no quiera bañarme; no me regañes por ello. Recuerda los momentos que te perseguí y los mil pretextos que te inventaba para hacerte más agradable tu aseo. Acéptame y perdóname. Ya que soy el niño ahora.
   Cuando me veas inútil e ignorante frente a todas las cosas tecnológicas que ya no podré entender, te suplico que me des todo el tiempo que sea necesario para no lastimarme con tu sonrisa burlona. Acuérdate que yo fui quien te enseñó tantas cosas. Comer, vestirte y tu educación para enfrentar la vida tan bien como lo haces, son producto de mi esfuerzo y perseverancia por ti.
   Cuando en algún momento mientras hablamos me llegue a olvidar de que estamos hablando, dame todo el tiempo que sea necesario hasta que yo recuerde, y si no puedo hacerlo no te burles de mí; tal vez no era importante lo que hablaba y me conforme con que me escuches en ese momento.
   Si alguna vez no quiero comer, no me insistas. Se cuanto puedo y cuanto no debo. También comprende que con el tiempo ya no tengo dientes para morder ni gusto para sentir. Cuando me fallen mis piernas por estar cansadas para andar, dame tu mano tierna para apoyarme como lo hice yo cuando comenzaste a caminar con tus débiles piernas.
   Siempre quise lo mejor para ti y he preparado los caminos que has debido recorrer. Piensa entonces que con el paso que me adelanto a dar estaré construyendo para ti otra ruta en otro tiempo, pero siempre contigo.
   No te sientas triste o impotente por verme como me ves. Dame tu corazón, compréndeme y apóyame como lo hice cuando empezaste a vivir. De la misma manera como te he acompañado en tu  sendero te ruego me acompañes a terminar el mío. Dame amor y paciencia, que devolveré gratitud y sonrisas con el inmenso amor que tengo por ti.
Y así habremos de honrar la vida…Ah ¡!
!! Y nuevamente gracias hijo!!